Nos pasamos la vida pronunciando palabras escritas de otro puño y letra, viendo a través de otros ojos y aceptando esa visión ciegamente , entonando e identificándonos con emotivas melodías que hablan sobre los sentimientos de otra persona . Nos pasamos la vida viviendo vidas ajenas. Cuando llega el enfrentamiento cara a cara con el gélido e impertérrito rostro de la realidad y nos encontramos solos, ya de nada nos sirven esos pedazos de otras vidas que hemos tomado prestados.
Desde que empecé a estudiar la división celular en la escuela, siempre me han dicho que existen dos tipos de división celular: la mitosis y la meiosis. La mitosis es la más frecuente de las dos; contínuamente nuestras células se dividen por mitosis. De una célula, obtenemos 2 células hijas idénticas. La meiosis es un poco más compleja. En la escuela me explicaron que sucedía con los gametos y que, tras pasar por dos divisiones meióticas, una célula se convertía en 4 células hijas con la mitad de dotación cromosómica que la madre y distintas entre ellas. Nos decían que funcionaba igual tanto para óvulos como para espermatozoides. Al llegar a la universidad y estudiar la meiosis en clase, me he dado cuenta de varias cosas. La primera es que los "óvulos" no existen. Un óvulo es una célula reproductora femenina que ha acabado la meisosis. Sin embargo, las células reproductoras femeninas que, por ejemplo, produzco yo NUNCA acaban la meiosis. Si la célula no es fecundada, no...
Edgar me mandó a una enorme mansión con las paredes transparentes que se erguía encima de una nube aparentemente quilométrica. No tenía claro que no me hubiera equivocado de sitio. Parecía el hotel privado de algún famoso, no el lugar al que yo tenía que ir. Tenía miedo de hacer el ridículo si entraba y veía que me había equivocado. Fue entonces cuando recordé las palabras de Edgar: “ya te han juzgado suficiente en la Tierra.” Recordando esas palabras, hice de tripas, corazón y entré. La casa estaba perfectamente decorada con diversos cuadros y jarrones. En el recibidor había tres puertas: dos conducían a pasillos y la tercera llevaba a un gran salón. La puerta del salón estaba entreabierta y se podía distinguir a gente muy hermosa conversando en un sofá de apariencia mullida. En el recibidor había un ascensor. Intrigada, me encaminé hacia él. Dentro había una lista infinita de botones a los que picar para acceder a las distintas plantas. Sesenta plantas. No sabía a dónde me conduci...
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