Todo empieza el primer día en el que vas a la guardería. Es una de las primeras veces en las que te tienes que relacionar con los demás niños. Miras a tu alrededor y ves que hay un niño jugando a tu juego favorito. Te acercas y te pones a jugar. Ya está: un amigo hecho. Fácil, ¿no? Empiezas a hacerte mayor y la cosa no es tan fácil. Un par de palabras amables, un buen gesto y consigues un amigo. Y sois inseparables: vais a todos lados juntos, os reís, os quedáis a dormir en casa del otro. Sois los jinetes del apocalipsis. Luego llega la adolescencia y la cosa cambia. Mucho. Empiezas a ver que no encajas en todas partes, que hay cosas que antes te gustaban y que ya no te gustan. Hay gustos que duran un minuto. En medio de todo ese cambio, empiezas a ver que tus padres, quienes tenían toda la razón del mundo, también se equivocan. Cometen fallos que antes no habías visto. "Son humanos"piensas"es lógico". Aún así, el cambio es chocante. Empiezas a ver qu...
Edgar me mandó a una enorme mansión con las paredes transparentes que se erguía encima de una nube aparentemente quilométrica. No tenía claro que no me hubiera equivocado de sitio. Parecía el hotel privado de algún famoso, no el lugar al que yo tenía que ir. Tenía miedo de hacer el ridículo si entraba y veía que me había equivocado. Fue entonces cuando recordé las palabras de Edgar: “ya te han juzgado suficiente en la Tierra.” Recordando esas palabras, hice de tripas, corazón y entré. La casa estaba perfectamente decorada con diversos cuadros y jarrones. En el recibidor había tres puertas: dos conducían a pasillos y la tercera llevaba a un gran salón. La puerta del salón estaba entreabierta y se podía distinguir a gente muy hermosa conversando en un sofá de apariencia mullida. En el recibidor había un ascensor. Intrigada, me encaminé hacia él. Dentro había una lista infinita de botones a los que picar para acceder a las distintas plantas. Sesenta plantas. No sabía a dónde me conduci...
Nos pasamos la vida pronunciando palabras escritas de otro puño y letra, viendo a través de otros ojos y aceptando esa visión ciegamente , entonando e identificándonos con emotivas melodías que hablan sobre los sentimientos de otra persona . Nos pasamos la vida viviendo vidas ajenas. Cuando llega el enfrentamiento cara a cara con el gélido e impertérrito rostro de la realidad y nos encontramos solos, ya de nada nos sirven esos pedazos de otras vidas que hemos tomado prestados.
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